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miércoles, 8 de febrero de 2012

El sonido del dolor es una carcajada

Son las tres de la mañana y aun sigo aquí, tumbada en la cama con los ojos anegados de lágrimas y la voz de bon jovi consolando mis oídos cansados de escuchar mis propios sollozos. He intentado dormir, pero no es posible, la imagen no se me borra de la mente, él y ella, juntos, be... besándose, amándose simplemente... Me duele tanto decirlo, soy incapaz de hacerme a la idea.
No entiendo por qué me pasa siempre lo mismo, por qué me hago tantas ilusiones para luego... acabar así, destrozada, para que todo el mundo me diga exactamente lo mismo, que pase de todo, cuando sé que no puedo, que será que no me merece, cuando estoy segura de que resulta al contrario, que encontraré a otro, que hay muchos peces en el mar, y sé que es cierto, pero en este momento mi corazón solo se acelera por él.
No comprendo cómo he podido ser tan ingenua, tan inocente como para creer que podía aspirar a tener ´´algo`` con él. Me levanto de la cama y poso los pies sobre el frío suelo, desconozco el motivo, pero tengo la necesidad de abrir la ventana y respirar el aire fresco, llenando así la habitación de un viento helador que me pone la carne de gallina en cuanto roza mi piel, pero no la cierro, de alguna manera me reconforta y permanezco durante un rato más, contemplando la calle desierta, donde un par de farolas parecen conversar con su luz titileante, pensando que resulta imposible que en un mundo tan pequeño pasen tantas cosas al mismo tiempo, que haya tantas sensaciones que ocurran a la vez. 

Es entonces que me doy cuenta de que estoy cansada, harta, vencida, de tantas ilusiones que acaban en dolor, de tantas sonrisas distraídas hacia el horizonte, de tantos sueños perdidos, de tantas carcajadas que tan  solo dejaba escapar para encubrir el sonido de mi incesante llanto, porque ha llegado la hora de aprender que los sueños y las ilusiones no son más que eso, y que en la vida real solo se puede sobrevivir manteniendo los pies bien pegados a la tierra, luchando por lo que quieres, sin esperar nada de nadie para no sufrir decepciones, y así, ante cualquier pequeño detalle sentirnos plenamente afortunados, tal vez sea esa la manera de encontrar la felicidad, o quizás estoy demasiado destrozada para pensar con claridad.

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