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sábado, 25 de noviembre de 2017

Aunque el cuchillo se vuelva pluma.

Dime.
Que soy bonita
porque solo me lo creo
cuando escapa de tu boca.
Espontáneo.
Fugaz.
Y sin querer.
Como un niño 
que tropieza 
con el jarrón de mamá 
y no sabe qué hacer.

Dímelo.
Que es hermoso 
despertar conmigo,
porque se acaban
las ganas de amanecer,
que así,
medio desnuda,
a la luz de tu sol,
parezco musa
de un pintor
que no conocemos,
pero era bueno.
Seguro.

Pídemelo.
Que te abrace,
te cuente mi día,
aunque sea un coñazo,
y te recite poemas
míos 
o de un tío 
que ni sabes quién es.

Acaríciame.
Desde el pelo 
a la cintura 
como si fuera un piano
que te aterra romper.

Cuéntame.
Qué te asusta tanto
que yo no pueda saber.
Respiro tu aire,
te conozco
más que nadie,
no disparo balas
que arañen tu piel.

Lúchame.
Aunque el cuchillo
se vuelva pluma,
la fortuna
se haga aire
y mis temores
te agarren los pies.

domingo, 1 de enero de 2017

El pez que respira y no se ahoga.

Ahí te vas
otra vez
porque me ves,
el si te atreves
de todos los desaparecidos,
el río que como lluvia
revela la gravedad,
o la colilla 
de un pernocta
más bien perdido.
Soy el gato al que acaricias
cuando echas la vista atrás
y esconde las uñas,
confundido,
la serie que te ríe
hasta que caes dormido,
soy el polvo
que araña tu oscuridad.

Tienes fuego suficiente
para calentar mis miedos
pero nunca me llegas a quemar,
que tengo alma de extintor
y en un día bueno
soy bombero licenciado
en la puta facultad.

La pregunta
a todas mis respuestas
incendia el autobús
que te ha engullido,
y antes de subir
me explicas como a un niño:
"en la vida, 
solo hay espacio para un vicio
y yo tengo que fumar"
pues cariño,
voy a dejar el tabaco,
la nicotina no engancha
como verte respirar.

martes, 17 de mayo de 2016

Furia de titanes.

El reloj bajo tierra
no suena
pero el tiempo pasa.
El frío duerme
y se despierta invierno
en tu mirada
que rompe,
aparta esos ojos
por favor,
o no volveré a ser humana.

El eco del amor
naufraga en el Caribe
y sé 
que tras el fuego
queda alma,
alma rota
y culpa mía,
por tropezar y pisarla.

Acúname con cuidado,
aunque voy a caer
de todos modos
y no dolerá,
porque no puedo sentir nada.
No encontrarás
mejor anestésico
que el crujir de un corazón
muriendo
y viviendo de ello.

Rómpeme las muñecas.
Patea mi pulmón izquierdo.
No lo siento.
No lo quiero.
Es tu hielo
y yo su Escarcha
que un día fue primavera
y derritió gigantes,
ahora
con ojos hinchados
pienso que el amor me afea,
no queda nada en mis manos
y no conozco las cicatrices
de mis piernas. 

Besáme los miedos
pero no me asustes,
dormita con mi enfado
pero no lo prendas,
quiéreme
cuando menos lo merezca
porque será
cuando más te grite
y tus titanes
me estremezcan.

miércoles, 11 de mayo de 2016

A todos los que fueron.

Vas a dibujarte
un carruaje
en el alma
de todas las mujeres
que no serán como yo,
para salir huyendo.
Pisarás al poeta muerto
te besarás con el borracho
y todos los inviernos
te preguntarás porqué,
porqué seré la pesadilla
de todos tus sueños,
porqué estaré
en la ceniza de tu boca
cada vez que no quieres despertar,
en la chica
piernas largas
y labios gruesos
que te espera
en todas tus esquinas
y nunca te hará olvidar
que perdiste,
erraste
y jamás te disculpaste.
Acostúmbrate a los fantasmas
que descansan en tu oreja
en la araña
que teje
perdones en tu espalda
que nunca podrán ser.
Me regalaste
un reloj de arena
al que nunca di la vuelta,
un violín sin cuerdas
más bonito que tu voz
cargada de murciélagos
y brujas
que vuelan sin escoba
porque viven en el metro
compartiendo el cartón
con los mendigos,
y las noches más frías
son invitados al colchón.
Bienvenido
al diluvio universal 
que tu mismo has llorado,
piensa en mí
cuando te ahoguen
las sirenas.

lunes, 9 de mayo de 2016

Frascos y maquillaje.

Te vas a enamorar y te va a doler, porque querer es caminar sobre alambres y todos los héroes sangran.
¿O acaso no has quedado prendada en la mirada del chico de ojos tiernos que te sonríe desde el extremo del bar? ¿No has llovido por dentro cuando era de otra? Y habrías hecho malabares sin bolas por una mirada fugaz.
No te importa derramar más rímel por otro de sus suspiros, te da rabia malgastar el pintalabios en tanta servilleta cuando su piel está vacía y tu rebosas amor, tanto que  duele, lo guardas en frascos y no sabes que hacer con él, pero lo conservas, como quien esconde baratijas del pasado, convencido de utilizarlas algún día, y acaba por olvidar.
Cuando el amor termina o no empieza existen dos tipos de personas, las que pueden olvidar (o no recuerdan) y las que no (o recuerdan para siempre). Mis favoritas son las últimas, por todo eso de las cicatrices y los miedos en botellas. Y es que todos somos historias y las personas que recuerdan,  siempre tienen algo que contar, se miran las heridas, cicatrizadas de hace años, remueven los olvidos y te cuentan cómo ha sido compartir el aire con alguien que no pudo ser, pero sonríen, porque la práctica da la experiencia y después de tanto maquillaje recorriendo el desagüe, el helado de todos los domingos, los arrepentimientos del café del viernes y los ahogados en todos los naufragios que ha sufrido, los ves, como con ojos brillantes y mirada de tormenta, desempolvan un frasco de aquellos que con tanto esmero habían escondido en el pasado, y lo abren para que aquel que tan bien conoce la almohada por todos sus sueños, pueda abrir el suyo y cuidarlo bien.

domingo, 8 de mayo de 2016

Adiós Madric

La gente del tren me mira
y podría ser poeta
estudiante 
empresaria
o suicida.
Quién sabe.
Pero escribo
porque tal vez solo sea
la burla de un payaso
que no sabe expresar 
lo que ha vivido,
así que ríete
no vayan a echarme
del trabajo.

Paso del perrro canela
con los ojos más tristes
de cualquier naufragio
a lo que antaño
era vapor 
sobre un par de vías.

Y me mareo.

Porque no hay sueños suficientes
que endulcen las despedidas
"en dos semanas te veo"
"hablamos por skype"
¿Qué más da?
Si yo sigo a la deriva.

Para qué quieres el mar
si estás llorando,
el sabor es el mismo
y también la cantidad.
No hay abrazos sufientes
que alarguen un adiós
si el tren 
está colgando de mis pies.

Tengo las manos tan vacías
que no sé qué hacer con ellas.
Me toco el pelo
y parezco presumida,
la cara 
y parezco nerviosa,
la nariz
y parezco enferma,
el reloj
y parezco impaciente,
el corazón
y parezco sola.

Dile al tonto de tu perro
que no me muerda los zapatos,
al conductor
que para la próxima
llegue tarde
o borracho,
a los pasajeros
que se ahogarán
(un poco)
cada vez que piense 
"ya nos veremos",
a tu padre
que se cuide esa tos,
y dile
a la llorona del coche 9
que no olvidarás sus manos.

viernes, 29 de abril de 2016

Descripción del amor.

El amor es como la poesía, solo la entiende el que la escribe, los demás opinan que es bonito, o les enfada porque no lo comprenden, pero no pueden disfrutarlo o sufrirlo.
Qué poco se conoce la triste inutilidad de maquillarse llorando, sorber el café frío un domingo tarde, y acurrucarse las dudas en un edredón de plumas aunque sea verano.
Qué poco importa el  calor cuando tenemos frío, y que falta nos hace cualquier canción de amor.
Cuando todo acaba, el silencio, es un secreto a gritos, retumbando en tu cabeza como una bomba a punto de detonar, y tú callas, para no volar por los aires, evitar la huida, o echarte a llorar.
Al final, acabas por echar de menos, te dan las doce de todos los viernes, dejas pasar trenes en los que no te subes, por todo eso de las naúseas a viajar, aunque te mueras por hacerlo, y si pones excusas, es porque te da miedo ir sola. "Imagina ver París sin ti" piensas "no me atrevo".
Vuelve a darte el viernes, y le ves, en el chico que sonríe al enredarse en tus piernas, el cajero ojeroso de aquel súper de barrio, incluso en el carmín que sangra los labios de la chica del bus, porque te recuerda a cuando besaba los tuyos. Seguro que él era tan guapo como un domingo en la cama, porque todos lo son si te enamoras.
Entonces, tras un tiempo naufragando, te topas con tierra. 
Deja de estar en el café que remueven tus mañanas, en la sonrisa del chico a la entrada de clase y sin percatarte si quiera, estás sonriendo un viernes.
No vuelve a aparecer. Y entonces comprendes.
Te apetece ser París, para que otros puedan verte y viajar tanto como soporten tus pies, y aprendes que ofrecer una mirada a una sonrisa nueva puede ser otro principio, novedoso para ti, que llevas viviendo de finales tanto que ni recuerdas.
Es viernes.
Son las doce.
Y no te duele.